Ellos, los mismos, los que de espejo son esos seres formidables que caminan con las manos del alma los señores de la pleitesía entrando en alguna taguara
en esta esquina de la vida el escalofrío empieza a ser suficiente esto que a cada penetrante discurso asciende por tu espada y te deja postrado con las piernas temblorosas
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