Desde hace algún tiempo, planteaba la necesidad de crear nuestras propias mitologías, de dar forma a relatos que nos pertenezcan y nos definan. Hoy nos convoca la figura del último de los bohemios, aquel que encarna en su andar una poética inconfundible. Pienso en la actitud circunspecta del poeta zuliano Julio Jiménez, en su boina calada con la elegancia de quien porta un emblema, en esa cadencia particular de su paso, como si la vida misma se transformara en un verso perpetuo. Al igual que en la canción de Joaquín Sabina, su presencia es un símbolo, una metáfora viva del artista que resiste. El poeta se dedica a construir obras que le otorgan sentido a la corriente poética. Existe una especie de electricidad de la poesía suelta en el
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