La Forma de lo Informe

Memoria de una caída [002 – La Forma De Lo Informe]

10/01/2025

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Memoria de una caída

Caen como un trópico en relámpagos
van del sonido a la diáspora en ascenso
dejan altos los silencios
se entrometen por doquier
los recuerdos de su cuerpo
junto al mío más borracho,
mareado al fin por tanto baile
por tanto amor no televisado
parturientas ensoñaciones de voces-besos
que quebraban el deseo
¿nos conocimos ese día?
¿cuánto tardamos en conocernos realmente?
si aquella vez éramos silencios ¿hoy no lo somos?
todavía te beso y soy tormenta, boca agria.
Silencio. Naturaleza de días que oscurecen.
No pueden terminarse los cuerpos
que aún se aman en la ducha
aún abrazados en el lecho nupcial
de un sábado cualquiera
día de conocernos desnudos como serpientes
de erectas banderas, de endurecidas cicatrices
soldadura de carne que nos catapulta al futuro

Caen: mi voz en tu cuerpo, nicho deseante
se propaga por horas, luna naciente de ríos
—tus condicionales ojos
por el inmenso asfalto de un viaje—
y tus caricias para un sueño que perdura en la voz
(profunda voz de entrañas taladradas)
que perduran en la cosecha de homicidios diarios
empuñaduras del recuerdo que recorren
el instante preciso del gemido

Era una ciudad ajena, pero común en ambos
conocíamos las sombras de sus escándalos
sus frutos que marchitan como pétalos
raíces entreabiertas del decirnos amantes
de una soledad inusitada
con balaceras a lo lejos
para arrullar el color de los niños.
Era una ciudad que caía, pero sirvió de encuentro
para que ante tanto silencio
de metros rebosantes
tanto silencio de vagón tapujado de carne
tanto silencio de poliedro
se rompiera el chasquido de nuestras lenguas
que con su filo nos cortaba las gargantas
escribiendo en la carne del corazón un nombre
(una contraseña)
igual a la espiral-combinación de un caracol
en el centro: el nombre de su alma
(¿quién va a atravesar con un bisturí
la vida inconclusa de una ciudad rastrera
para conocer el dolor de ese nombre?)

Una ciudad que cae y cae
y cae como dolor
que apenas comienza a subir
poblando la espina dorsal del mundo
dolor de los que erizan las lágrimas y son testarudos
y duermen contigo para no cansarse
y despiertan nuevamente, manos arriba soy la Muerte
para decirte que no hay fines de semana libres
(ni horas extra, ni bono vacacional, ni
retroactivos) en la cárcel del deseo.

Caemos, porque nuestro recuerdo cae
y vamos recordando las llamadas de esa soleada
fotografía que hiciste
contra-la-pared de la noche anterior
y la tarde anterior y el anterior pronóstico
y el destino que es anterior a nuestras voluntades.

Vamos en una autopista a encontrarnos
como caminantes solitarios
que aún saben distinguir lo sordo
y pasearemos por pueblos fantasmales
donde tomarse de la mano
sea motivo de un funeral
y habrá maizales y silencios
y anémonas y cactus
y quizá mirada de susurros
que precipiten nuestras ganas de encontrarnos
como girasoles que anudan sus raíces
para no perder la oportunidad de sonreírle
a los amaneceres.

Caen juntos los amantes, caemos
(bolas de fuego encendidas con acetona
delantales y baberos fosforescentes
ataduras, bondages, camisas de fuerza, frac y levita
una sed recurrente que peina
el profundo desprecio que sentimos
por las orquestas antañonas
banquetes sociales donde
no puedes vestir una falda: es punitivo
ni besarme con deseo: no es decente
ni decirme a cada rato que me amas,
como lo dicen los colibrís)

Caen y caen
en ramificaciones extendidas del adiós

deseos o susurros
terminan siendo
cuando ellos caen

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Temas: poesía contemporánea, memoria, caída

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