[Entrevista]: Luis Perozo Cervantes: «Escribir es un acto de prepotencia y humildad»

Por Juan Guerrero.- Leer la poesía de Luis Perozo Cervantes (Maracaibo, 1989) es rozar las fronteras de lo subversivo, adentrarse a los espacios de una poética donde toda verdad viene cuestionada, acaso señalada, más cuando no hay asidero posible para encontrar piso seguro que soporte la deslumbrante lucidez de una metáfora que ilumina el ser mismo de la creación.

La de Perozo Cervantes es una poesía de tiempos de incertidumbre, amorosamente plena, sensual en momentos de su vivir cotidiano. O cercana al encuentro del panfleto cuando señala, denuncia al Poder como fracaso y destierro, derrota de la felicidad del hombre.

Con una sólida formación humanística, Luis Perozo Cervantes es un poeta, ensayista y editor, apasionado del voluntariado en las actividades culturales que le han permitido desarrollar proyectos, como el Movimiento Poético de Maracaibo, el cual preside. Es organizador de la Feria del Libro en su ciudad, así como del Festival de Poesía. Conduce el programa Puerto de Libros Librería Radiofónica. Es presidente-editor de la empresa editorial Sultana del Lago.

De su extensa obra poética destacamos los siguientes libros: Poemas de silencio, (2018); Autoelegías, (2017); Creencias del columpio, (2017); Pareja, (2017); Manantial, (2016); Vos por siempre, (2015); Political Manifestation, (2014); Amoritud, (2013); Semántica de un tornillo enamorado, (2012); Poemas para el nuevo orden mundial, (2011), entre otros.

Con el poemario Poemas de silencio, obtuvo la mención de honor de la III Bienal de Poesía Abraham Salloum Bitar. Con el ensayo Novalis y el amor de ultratumba, resultó ganador del concurso auspiciado por la Dirección de Cultura y Escuela de Letras de la Universidad del Zulia. Premiado en el III Concurso Internacional de Poesía ‘El mundo lleva alas’ (Miami, 2011). Mantiene un blogsite titulado ‘Extremadamente poético’ donde publica un diario poéticio.

Juan Guerrero: Leo en uno de tus libros: “Uno llega hecho cadáver a la cama”. Hay cansancio, agotamiento y tristeza, pero lo amoroso, la pasión por la vida es presencia en su esplendor de un cotidiano existir. ¿De dónde viene en ti esa terquedad por apostar a la vida?

Luis Perozo Cervantes: Ese poema es de mi libro Canto civil, que precisamente es una elevación de lo cotidiano. Se explora desde lo literario pasando por la fe, la sexualidad y el miedo. En otro libro digo que solo sé vivir, y hasta malvivir lo hago bien. La vida es una experiencia única que totaliza lo que somos, y algunas veces tenemos la oportunidad de mostrarlo.

Un hombre que no sabe enfrentarse a sus miedos es porque no ha entendido que son parte de su vida. La brevedad de la vida no nos va a permitir que hagamos divisiones en lo que somos: nos entrega enteros, frágiles y mínimos ante los otros, quienes, en la mayoría de los casos solo nos ojearán para formarse un criterio, errado casi siempre, de lo que somos. El poema nos permite abrir una puerta para invitarlos a entrar a esa cómoda totalidad de nuestro ser. Quizás no es una apuesta, ya que no hay otra jugada posible.

¿A qué miedos te has enfrentado? ¿Están presentes en tu poesía?

Más que miedos, diría que me he enfrentado a realidades inevitables. La muerte de mi padre me hizo escribir Autoelegías, la enfermedad y muerte de mi abuela está en Prontuario; la certeza de que el amor es efímero y el descontento con nuestra sociedad.

Mi último libro, Poemas de silencio, es quizá el único donde se configura un miedo: el miedo al silencio, a quedarse sin palabras, sin motivos para decir. Y el libro es una respuesta a ese miedo.

Algunos críticos de tu obra argumentan que tu poesía va de un extremo amoroso, erótico, incluso, al extremo panfletario de la denuncia social. ¿Es muestra de tu ‘descontento social’ y de tu incertidumbre en el amor?

Sin duda es así. Mis poemarios temáticamente se mueven entre la poesía social, a veces conversacional y la poesía amorosa. Luego entré en una etapa que hemos llamado “el provincianismo cósmico”: descubrir en el hilo delgado de la voz y del dialecto un decir profundo que universaliza nuestras particularidades.

Cuando mencionas ‘provincianismo’, ¿te refieres a la región de donde provienes, Zulia? Al decir ‘dialecto’, ¿no sería más acertado utilizar el término ‘regionalismos’, dado que salvo uno que otro término, de resto es español o castellano venezolano?

Con provincianismo me refiero a cualquier forma de atesorar un terruño, y sentir la identidad a través de la ‘matria’, y no de la patria. Y con dialecto, más bien me refiero a formas dialectales y sociolectos, estos, como en el caso, están formados por anacronismos lingüísticos o giros particulares en la conjugación verbal. En síntesis, la propuesta ‘formal’ del provincianismo cósmico es alcanzar el ‘habla radical’, nuestro decir de la raíz.

Pueden existir provincianismos cósmicos en cualquier parte del mundo, siempre que se antepongan a la poética del desapego, del exilio y el globalismo. Somos poetas que buscamos en el terruño y en nuestra infancia la potencia necesaria para decir.

¿Te afirmas culturalmente en la ‘realidad cósmica’ de la ‘zulianidad’ para trascender literariamente?

No necesariamente de lo zuliano, ya que todos somos una mezcla de matrias. Mis abuelos maternos son colombianos inmigrantes que han vivido más en Venezuela que en Colombia. Mis abuelos paternos, él de Punta Gorda, ella de Cojedes (estado llanero). Mis padres por azar, por el destino, nacidos en Maracaibo. Yo mismo soy el resultado de ese permutar de identidades. Poco importa el nombre que le demos, el apellido que lleva nuestra identidad: ese es el problema del patriotismo, busca repartir un nombre como si solo con mencionarlo ya tuviese sentido: soy venezolano, soy zuliano, soy maracucho, pero sino tienes conciencia de su significado histórico, si no tienes un cordón umbilical almático, o sino has crecido bebiendo del maná de su gente, poco importará lo mucho que lo repitas. Un ‘matriota’ es quien tiene un apego ‘radical’ y su ser es auténtico de ese lugar.

La trascendencia literaria es otro tema, ya que en lo particular desde hace mucho estoy seguro de que es un asunto que se escapa de la voluntad creadora y del talento. Es más un problema de mercadeo, y finalmente, es una decisión de los lectores del futuro.

Mientras leo tu respuesta pienso en Georg Lukács. Creo que es en su ‘Teoría de la novela’ donde este pensador reflexiona sobre el escritor y su procedencia. Afirma que en la medida que el escritor se afirme en su esencia regional, en esa misma medida encontrará su universalidad. ¿Opinas como Lukács?

Pues Lukács es sin duda alguna el mayor pensador estético del marxismo del siglo XX, su estética dejó atrás el pensamiento anacrónico de los rusos y modernizó para el mundo la relación entre lo que somos con o sin arte.

A pesar del desprestigio general del pensamiento socialista en Venezuela, sus pensadores, los críticos e iconoclastas, fundaron la modernidad en que habitamos. Nos haría mucha falta volver a estudiar la literatura como un fenómeno social capaz de transformar nuestros imaginarios colectivos.

En una entrevista que hace algún tiempo te realizaron, indicabas, palabras más palabras menos, que la poesía venezolana y sus poetas, eran lo más oculto que existía, algo así –diría yo- como aquella propaganda de un ron venezolano: ‘El secreto mejor guardado del Caribe’. ¿Por qué lo afirmas?

En general los esfuerzos por dar a conocer nuestra poesía fuera de nuestras fronteras han sido algo exiguos. Por ejemplo, Ramos Sucre, tan mencionado, no habría sido conocido en España sino por el interés muy particular de Katyna Henríquez Consalvi; lo mismo sucede con maestros como Armando Rojas Guardia o el propio Eugenio Montejo, que alcanzó una breve fama internacional por la película (21 Gramos, film del director Alejandro González Iñárritu). Pero la verdad es que no ha existido un proyecto sistemático que refuerce la labor de los privados. Monte Ávila, cuando se convirtió en una propuesta editorial latinoamericana intentó hacerlo con narradores y ensayistas, pero muy poco con nuestros poetas. Por el contrario, cada cuanto que algún investigador de la poesía descubre a alguno de nuestros autores capitales, se impresiona de la robustez de sus obras y lo poco conocidas que son en el mundo.

Hay muchas razones para explicar eso, pero la principal es nuestra falta de consciencia de lo que significa una tradición poética, que se traduce en la existencia de reediciones. Luego, está el ego de muchos creadores que creen estar fundando la literatura venezolana con cada poema.

¿Crees que la crisis humanitaria, con el fenómeno sociológico de la migración o diáspora, esté mostrando otros rostros de la cultura venezolana, como la literatura, la música, la gastronomía?

A mí la diáspora me ha parecido un problema literario desde el principio, porque aquellos que se van del país, en su mayoría han creado un imaginario que justifica sus acciones, su huida, su caminata por su supervivencia. Esa versión del país es, en pequeña o gran medida, muy diferente a la que tenemos quienes decidimos quedarnos y enfrentar la dictadura desde la acción.

Ya con más de cinco millones de venezolanos afuera pareciera que todo el país se ha ido, cuando es solo un 20% que, con definiciones sociológicas, en una primera oleada a los profesionales millennials y adultos de edad media, luego, una capa más desposeída y marginal, fue defraudada por el chavismo y salió al continente a repartir su miseria, desequilibrando los frágiles sistemas de nuestros vecinos. En todos los casos, el rango de edad predominante es de 40 a 20 años. Todos son hijos del chavismo, que maduraron sus contradicciones en la confrontación polarizada, y que aún, estando fuera polarizan más. Sin duda esa venezolanidad que estamos exportando es diferente a la que definió Uslar Pietri, o a la que ensayó Mariano Picón Salas; son venezolanos viscerales y rotos. Ese rompecabezas difícilmente encontrará congruencia con las piezas de los venezolanos que siguen su rumbo de dolor y estoicismo dentro del país.

Solo el tiempo dirá si estamos exportando talento venezolano o una fracción venenosa de nuestra identidad; si estamos dando a conocer nuestros valores o estamos plagando al mundo de snob.

¿Tu escritura es una poética de la resistencia? Lo pregunto por tu respuesta anterior.

He hecho mía una máxima vital: ‘Resistir e insistir’. Es la manera en que intento mantenerme cuerdo en un país que parece cerrarle puertas a quien busca abrirlas. Mis poemarios políticos son una forma de resistencia, pero también una forma de insistir en lo que somos, o más específicamente, en lo que soy mediante lo que somos.

Según tú, ¿qué somos o medio somos?

No podría saber tajantemente lo que somos, ya que es una versión particular, privada. Un poema, aún con su ambición totalizadora, es incapaz de definir lo que somos enteramente. Podría decirte que en mi libro Prontuario intenté decir lo que somos desde mi ser. Pero luego lo intenté también en algunos textos de Poemas de silencio, y aún así, solo fueron intentos fallidos.

¿No crees que es demasiado ambicioso o pretencioso, intentar totalizar, cosificar el ser, sea de la poesía como al mismo hombre?

¡Claro! Escribir es un acto de prepotencia y de humildad al mismo tiempo. Porque el solo intento de conseguir, es decir, es ya saberse parte de algo más grande. Y luego, constatar que nuestro decir, el uno y mínimo en sí mismo, es saber que de ese algo grande, apenas somos una partícula invisible, insabora.

La modernidad nos liberó de la misión de trascender, así que el poeta contemporáneo solo intenta ser auténtico para sí mismo y para los que están en su alrededor. Pero esa intención de ser auténtico pesa en el alma como una tonelada egótica de ensimismamiento. No sé si somos auténticos o somos la copia de una copia de una mala copia de lo que seremos, somos y fuimos como hablantes.

El que logre satisfacerse a sí mismo, ya puede darse por pagado.

Ya que mencionas ‘hablantes’. Me gustaría tu opinión sobre el lector de poesía. ¿En estos tiempos turbulentos y de sobrevivencia la poesía tiene adeptos?

Para responderte me robo la frase de Eugenio Montejo: ‘la poesía es la última religión’. La poesía aún tiene creyentes, creemos en ella. Y somos miles de millones, en un mundo de millones de millones. La inmensa minoría de Juan Ramón Jiménez, los inocentes poetas pasivos que esperan siempre saciar sus deseos de asombro.

Como decir: ‘la última frontera’ antes de huir del Infierno donde estamos…

La última frontera siempre recuerda a StarTrek. Es una esperanza.

¡Cierto! Luis. Es una esperanza.

Me gustaría saber en qué proyectos andas metido.

Creo en el emprendimiento, soy un fiel correligionario de nuestra capacidad de generar riquezas con proyectos culturales autosustentables. En ese sentido, todo tiene que ver con un cambio de mentalidad de nuestros ciudadanos. Mis oficios son variados, así que tenemos diferentes frentes de acción en el emprendimiento cultural, regido por los principios de la Asociación Civil Movimiento Poético de Maracaibo.

De allí nacen los siguientes proyectos: Sultana del Lago Editores, la editorial venezolana con más libros publicados en Amazon y Google Play Book; la Librería Puerto de Libros, que se ha recuperado de la arremetida contra la cultura que hizo el alcalde chavista de Maracaibo al ordenar el desalojo en noviembre de 2019, ahora hemos vuelto a abrir en un centro comercial y pretendemos expandirnos a otros espacios. También conduzco un programa radiofónico que sale en la red nacional de emisoras de Radio Fe y Alegría, que son 21 estaciones en las principales ciudades del país, además de más de 25 plataformas de podcast y nuestra página web.

Entre tantas cosas, tengo varias páginas web y proyectos digitales, como poesia.site o lo que será el primer canal de televisión por Internet de Maracaibo, mcbo.tv

Resistir e insistir, ese es mi lema.

…e insistiendo en tu poesía, ¿algún tema que estés desarrollando?

Escribo un libro que tentativamente he titulado Poesía venezolana de combate. Una serie de poemas políticos sobre nuestros males actuales y futuros.

¿Vives el riesgo de caer en lo panfletario al rozar lo político?

Desde hace mucho no le temo al panfleto. Creo quela poesía puede darse el lugar de hacerlo. Este libro tiene poemas titulados “Panfleto a…”, sin resquemores. El poema del Cantar de Mío Cid es un panfleto, el Canto General, de Pablo Neruda es un maravilloso y sonoro libro de panfletos. La poesía de Raúl Zurita es panfletaria también. Soy un poeta panfletario cuando escribo poemas políticos y soy un poeta rocolero cuando escribo poemas de amor. Cuando me atacan diciendo que soy mal poeta, siempre he respondido diciendo: ‘prefiero ser un mal poeta, que no ser poeta’.

La poesía, en ese caso, ¿es el espacio de lo imposible? Hace de la derrota, por ejemplo, un acto/canto trascendente?

Insisto en que la trascendencia es un peso en la espalda del que fuimos despojados. Ningún poeta vivo hoy en día, tiene ese problema, o esa angustia. Se escribe poemas por otros motivos diferentes a la trascendencia. La poesía, si la entendemos como Octavio Paz, es el espíritu del arte, y es muy libre de decidir donde posarse, a quien iluminar, aunque todos podamos acercarnos a su candor, no es cuestión de decisión ser poseídos por ese espíritu.

La derrota es otro asunto, que se asocia con algo que es altamente humano: el dolor. El poema y lo humano están entrelazados naturalmente, un poema animal o robótico siempre será un poema falso, pero cuando hablamos de duelos, derrotas, miedos, soledad y amor, hay una predisposición al mundo misterioso de la poesía.

Al decir ‘misterio de la poesía’, ¿es como afirmar la fe en ella?

Sí, antes se decía que la poesía era una religión, usando la analogía de Montejo. El poeta no está lejos de ser un monje franciscano de la poesía o en algunos casos, tener la opulencia de un obispo de la misma iglesia de la poesía. En la mayoría de los casos el respeto por la poesía es casi como si trataran con algo sagrado. Ventajosamente muchos poetas contemporáneos son ateos o agnósticos, y por eso están curados de actos cursis en favor de su fe poética.

En poesía, ¿eres agnóstico?

Cuando me preguntan si creo en Dios, digo que no soy ateo por culpa de la poesía. Exagero diciendo que la poesía es lo más parecido a Dios: omnipresente y omnisapiente. La omnipotencia ya sabemos que ni el Dios de los cristianos la tiene, y es pura publicidad de sus simpatizantes. Creo que la poesía y la literatura, son una de las formas más rápidas de cambiar el alma de las personas y producir transformaciones culturales en la sociedad. La poesía es un fin en sí misma y también un medio para convertirnos en mejores personas

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: