El provincianismo cósmico: del terruño a la experiencia meta-poética

El provincianismo cósmico: del terruño a la experiencia meta-poética

Y el amanecer existe solo si vuela un Alpirtu
Carlos Ildemar Pérez

 Hace quince años conocí a Carlos Ildemar Pérez, y desde ese entonces decidí ser como él, es decir copiarlo, o, mejor dicho, aprender de él. En el arte esto no es descabellado ni es un delito, es sin duda una forma de aprendizaje: la imitación, y en el mejor de los casos, una tradición llamada “discipulado”.

Como si fuese un griego de la antigüedad, a mis 18 años, me puse como meta convertirme en discípulo del poeta Carlos Ildemar Pérez, quien me sorprendía con su verbo creador y su profundo conocimiento de la poesía como forma pensamiento, como realización artística de una intuición superior, pero también como el resultado de un proceso de investigación, crítica y autocrítica, que sustentaba encima de métodos propios e innovadores, resultado de su vasto conocimiento de la poesía universal.

Como un peripatético anduve tras los pasos de mi maestro desde el año 2007, cuando empecé a estudiar letras en la universidad del Zulia. La generosidad del maestro fue automática: siendo un insípido estudiante del primer semestre el director de la escuela de letras me invitó a presentar el que era su más reciente libro: La mano de obra.

Lamentablemente perdí aquel texto incipiente que escribí para presentar en libro en la Sala de Conferencias Darío Durán de la Facultad de Humanidad, pero recuerdo algunas cosas: el auditorio lleno, unas 100 personas, y mi convicción de que estaba hablando de un libro que había roto cualquiera de mis expectativas como lector. Tenía en la mano un libro monstruo, un libro Frankenstein, con el que Carlos Ildemar Pérez había demostrado que podía pensarse la poesía de una manera innovadora desde el caribe, y desde la autopoiesis, esa idea que hoy parece manida de crearse y recrearse a uno mismo. Creo que en esa presentación me referí por primera vez a la meta-poesía.

Y este quiero que sea el punto de partida para la reflexión que hoy nos convoca: el conocimiento meta-poético, y su fuente que es la experiencia vital-bibliográfica meta-poética, donde creo que Carlos Ildemar Pérez despunta como el autor venezolano con mayor conciencia, fundador de una escuela de la meta-poesía, la poesía experimental, y de variantes de la ontologización del lenguaje, que sin duda lo convierte en un referente imposible de excluir de la actualidad poética nacional, y con suerte, y mucho trabajo de promoción editorial, una de las voces de la poesía en español dignas de ser observadas y resaltadas.

Permítaseme ser un poco más pedagógico y analizar los procesos que nos llevaran a la experiencia meta-poética en la poesía de Carlos Ildemar Pérez. Desde Anacreonte, uno de los poetas griegos cuyo registro poético es de los más antiguos que conocemos, la poesía lírica se ha presentado como un problema de continuidad entre la ficción (es decir, el desdoblamiento de lo real) y la conciencia que tiene el poeta de su posición en el mundo interior y el mundo exterior, cuyo vehículo es la intuición, y cuyo artificio es la imaginación.

En ese sentido, los griegos nos mostraron que el poeta pone de manifiesto un YO LÍRICO, que sostiene en vilo la creación, y que es al mismo tiempo ser y decir: el poeta realiza una realidad poética, y entra en conflicto con ella muchas veces. Los poetas como Teócrito o Píndaro, hicieron de la lírica una forma de definir al mundo y a los hombres. Los poetas romanos Catulo y Marcial, maestros del epigrama, desnudaron a la sociedad en el mismo acto de desnudar sus sentimientos, y fortalecieron a la lírica cuando le quitaron la metáfora para mostrarnos a la poesía sin aparatos retóricos. Todo esto hace más de dos mil años, pero aún con aterradora vigencia.

La lírica, que como les dije antes es una dualidad del decir y del ser, ha bogado en estos dos milenios entre ser más musical (más inclinada al decir) o más meta-poética, consciente y reflexiva de su forma, por ende, más cercana al ser de la poesía. Octavio Paz dice que el espíritu del arte es la poesía: lo que nos gusta de una sinfonía es la poesía que contiene, lo que nos seduce de un buen artista plástico es como usa la poesía para crear su lenguaje pictórico. Hasta una obra arquitectónica puede estar cargada de ese “no sé qué” poético que la convierte en una obra de arte. Ya decía García Lorca que “el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”. Pero insisto en Octavio Paz para decir que en el poema la poesía está expuesta de manera directa. He escrito antes que la literatura es objeto e idea al mismo tiempo: como el símbolo lingüístico de Saussure, un objeto ambivalente, imagen psíquica y sonora.

Expongo estas dicotomías: ser y decir, objeto artístico e ideal del arte, para adentrarme en un principio de la poesía de Carlos Ildemar Pérez que es “la conciencia absoluta de estar exponiendo la poesía en el poema”. El poema de Carlos Ildemar Pérez es una expresión del hecho artístico de escribir un poema, una obra de arte, un objeto artístico, pero al mismo tiempo es una manifestación de la idea de la poesía que tiene Carlos Ildemar Pérez, es decir, en cada poemario se traza una teoría del arte y de la acción poética que funda principios y renueva, eso es importante, renueva la expresión de su decir (recuerden que el decir es lo musical, lo externo, lo palpable-sonoro); y lo renueva desde elementos fonolingüísticos, ontólogicos, antropológicos y literarios, todo ello, porque la poesía como expresión de lo humano es anterior a cualquiera de esas áreas de conocimiento contemporáneo.

Sintetizo esta primera idea: desde el origen de la poesía lírica en Grecia y Roma, pasando la juglaría, el renacimiento neoclásico, el romanticismo y el simbolismo, la vanguardia experimental, y la modernidad anodina, la mejor poesía, completa de manera magistral la dualidad “ser y decir”, por ello, en Carlos Ildemar Pérez nos encontramos contundentemente ante un poeta consciente de ello, y que ha realizado con un hacer poético una experiencia meta-poética consolidada en su propuesta: El Provincianismo Cósmico.

Entrando en materia: el provincianismo cósmico es un modo de actuar poetológicamente, pero como el poeta crea una teoría en su hacer y no se decida a pontificar o normar su propuesta, es tarea de nosotros desde la crítica, desentrañar el modus operandi de esta innovadora propuesta poética, que podría levantarse como una bandera contemporánea de nuestra identidad.

Comenzaré por exponer cuales, a mi entender, son los libros del poeta Carlos Ildemar Pérez que están inscritos en esta propuesta del decir poético, y que sirven como sustrato para mi exposición:

Observamos una conducta poética que da génesis al Provincianismo Cósmico desde sus primeros poemas publicados en 1988 en la revista Cuello del Sol, y que incluimos en la antología que preparamos de la obra del maestro titulada “Vociferación de los adentros” en el año 2014, donde el verso iniciático de su obra, el primero del primer poema publicado, con apenas 23 años de edad, reza: “Abuela ñinguita de charco”; pasando a su primer libro, cuyo título es un neologismo que recuerda a la herencia y lo matrío, llamado “Los Heredarios” publicado en 1989; desde esos primigenios textos, observamos rasgos claros de lo que será la vertiente poética que dará forma 20 años después lo más grueso de su obra en la exposición de lo que es el Provincianismo Cósmico.

Hay visos de estilo provinciano cósmico en sus libros “Estrictis de la muchacha más cercana” de 1991, “Flores para cuando María Calcaño regrese” de 1992 y “Papá civil” de 1993, pero entendemos que en esos textos el poeta joven busca amoldarse en el ser contemporáneo, está investigando y su intuición se mueve en la búsqueda del instante poético.

“Sermones para vivir aquí” de 1993 ya incluye elementos de transformación ontológica sustentados en la experimentación: el poeta propone un método para crear, que es la versión. Cada poema, que explora líricamente su identidad dual, la interior-emocional y la exterior-ideosincrática, inicia al poeta en la búsqueda de una definición intelectual de ser, y una concreción experimental del decir de lo poético.

Luego publicará los primeros textos de su extensa obra infantil: ¡A que no me come el gato! y Olas para niños navegantes, ambos en el año 2000, y el último en edición bilingüe: Wayuunaiki-Español en 2005.

Insistirá en la poesía experimental con el libro “Traglaba getoria” de año 2003, que sin duda es una búsqueda válida del decir, un ensayo que traza el orden sintáctico de su poesía posterior y nos hace pensar que el poeta ha propuesto no solo una teoría ontológica de la poesía, como lo es el Provincianismo Cósmico, sino que también ha tenido para nosotros la propuesta de una forma de decir, que se aún se esconde en los intrincados caminos de este libro no-lingüístico, de esa poesía no-semántica.

“El señor homo sapiens se hace a la vida de poeta” del 2005, es una poesía declarativa, que expone manifiestos amorosos y que dan continuidad a la búsqueda ficcional de “Estrictis de la muchacha más cercana”, se hermanan esos libros desde la tematología y en el tono de amar, por ello podríamos pensar que ese libro fue escrito con anterioridad pero que vio la luz diez años después, con la mesura de un poeta autocrítico que lo corrigió.

En el 2007 entro yo esta historia, es cuando se publica la mano “La mano de obra. Poetología autocrítica del proceso creador” y parece que estamos frente a un libro que representa al género total: puede ser leído como una novela con implicaciones autobiográficas, o como un libro de ensayos atravesado por un poemario, o como una especie de arts poética muy elaborada. En este libro el poeta expone descarnadamente su idea de la poesía y nos invita a seguirlo. Es un tratado poético que podemos leer como un libro de revelaciones. Aquí hay un germen maduro de lo que será el provincianismo cósmico como propuesta literaria.

En 2009 el poeta publica Chirriquiticos musicantes (2009), un libro que había escrito a principios de esa década y que la burocracia de la editorial el Perro y la Rana tardó seis años en publicar a pesar de haber ganado un premio latinoamericano de literatura infantil.  Por esos días mi afinidad con el maestro era plena: andaba yo tras su senda todos los días. De lunes a viernes en la escuela de letras, bien sea en clases, ya que me dio siete materiales de las 54 del pensum, o en las asignaturas donde fui su preparador luego de ganar el concurso que se abrió para ese fin.

Allí pude ver los primeros borradores del libro que cambiaría todo: por aquel entonces el libro se llamaba “seña de los usos”, que revela un tratamiento sistemático de la necesidad del decir que expresaban en esos textos. Los leí por primera vez en las butacas de una agencia del Banco Mercantil del Centro Comercial Delicias Plaza y supe que estaba leyendo algo nuevo en la poesía de nuestro idioma. Ya yo me sentía como un alumno aventajado de letras, y me había propuesto saber tanto de poesía como mi maestro, leer críticamente a los poetas que se atravesaran ante mí y atreverme a ver más adentro del poema: en las paredes del alma de los poetas.

El libro maduró entre los años 2009, 2010 y en el año 2011 resultó ganador de la Bienal de Poesía Miguel Ramón Utrera con el título “Provinciano cósmico”. Cuando el maestro Carlos Ildemar Pérez cambió el título de “seña de los usos” a “Provinciano cósmico” yo aún no entendía la magnitud de la propuesta. En 2012 se publicó ese libro con una edición de la Casa Nacional de Letras Andrés Bello, y ese mismo año, resultó ganador de la Bienal Ramón Palomares el libro “Tierra Personal”, que sería el segundo poemario que integra formalmente la propuesta del Provincianismo Cósmico. En 2014 reeditamos esos libros y los llevamos a los esteros caraqueños, donde Armando Rojas Guardia presentó a Carlos como la voz más importante de la poesía contemporánea de Venezuela. (Jacqueline Goldberg que estaba presente se iba a ahogar cuando Armando dijo eso).

Provinciano cósmico de 2012 y Tierra personal publicado en 2013, fueron seguidos por un libro entrañable y maravilloso, del cual he tomado el verso que sirvió de epígrafe, me refiero a El bocablario del año 2014. Este es el libro que conecta la poesía experimental de Carlos Ildemar Pérez con el universo poético del Provincianismo Cósmico. En este libro de hace un inventario de elementos poéticos y se sostiene una fraseología que le da una especie de contenido ideológico al Provincianismo Cósmico.

Carlos no descansa en la creación y continúa publicando otros libros que integran su extensa bibliografía como lo son el poemario experimental “Varihables de versión” de 2014, y los poemarios para niños: “Más feliz que una lombriz” de 2015, “¡Tantarantan!” también de 2015, “Cuando sea grande seré…” de 2016 y “El poemamundo” de 2021. Todos editados por las editoriales más importantes de Venezuela.

Hasta esta fecha, el Provincianismo cósmico estaba compuesto por tres libros, a saber: “Provinciano Cósmico”, “Tierra Personal”, “El Bocablario”, y sus antecedentes: “Los Heredarios”, “Sermones para vivir aquí” y “La mano de obra”. Estos cinco libros que confeccionan una propuesta literaria que tiene como en la metáfora del iceberg el 89% de su cuerpo oculto.

Pero hay que sumar un escalón más a esta pirámide, y me refiero a una obra maestra de la poesía venezolana: “3cientos Uni Versos y otros poemas tales” publicado en este año 2022, y escrito hace unos cinco o seis años, según tengo noticia, es una piedra angular de la realización poética de Carlos Ildemar Pérez y nos permite apreciar la construcción poética de lo que hemos llamado el provincianismo cósmico.

En “3cientos Uni Versos y otros poemas tales” se atienden elementos formales: hay una propuesta de versificación, es una especie de manual retórico para construcción de poemas desde el estilo de un provinciano cósmico.

Hay una propuesta de sintaxis y una de rítmica, se fundamenta en la posibilidad de construir poemas cuyos elementos se sostenga en la “capsula versal” y se propagan en el poema como tiempos instrumentales de alta semioticidad.

Hay una teoría de la pragmática poética, que se sostiene en la construcción de universos tematológicos lúdicos y rotacionales, que permitan que un inventario de realizaciones poéticas hagan transparencia en la ejecución de la poesía como un todo de conocimiento: si el poema es la expresión artística de la poesía, el poeta estaría en expresión de su decir como una totalidad intuitiva y sapiente, y solo si es plena la exposición de esa totalidad, habrá un funcionamiento exacto de la expresión del poeta en la transparencia de la realización poética.

Si Stephen Hawking estuvo en la búsqueda de una teoría del todo que explicara las relaciones entre la física de los grandes objetos y la física cuántica, yo creo que los “3cientos Uni Versos y otros poemas tales” de Carlos Ildemar Pérez, cual fórmula matemática, ha dejado en evidencia una teoría de “el todo poético”, donde desde el micro-cosmos del verso, hasta las complejas relaciones intertextuales de los poemas, logran manifestar los principios del provincianismo cósmico.

Ahora sí, teniendo claro cuál es corpus del Provincianismo Cósmico, compuesto por los libros “Provinciano Cósmico”, “Tierra Personal”, “El Bocablario” y “3cientos Uni Versos y otros poemas tales”, podríamos atrevernos a cumplir con lo que hemos ofrecido: definir los elementos de esta propuesta.

Primero estudiemos la dualidad por separado. En cuanto al decir, el provincianismo cósmico se ha manifestado en verso libre, con ritmos internos en la construcción de sus versos. Es el verso una unidad mínima de realización poética que podría exponerse fuera del contexto del poema y del poemario, y aun así tener principios ontológicos del “Ser” del provincianismo cósmico.

Luego, estructuralmente el poema de esta propuesta literaria se entrega como un todo discursivo que potencia retóricamente el argot, la jerga y el uso de arcaísmos lingüísticos; sostiene en la construcción poemática una relación directa con el idiolecto que el poeta he replicado de su realidad, poniendo en s formal una unicidad discursiva y sonora que fundamenta la identidad cultural del poeta, sin que esto sea cursi como las falsas manifestaciones que se expresan en las manidas expresiones del regionalismo.

En cuanto a las puestas orgánicas, es decir, los poemarios, el provincianismo cósmico teje una segmentación ficcional de lo real interno del poema y expone propuestas individuales, que de alguna forma constituyen en sí mismas metodologías de lectura. El poeta va enseñando al lector a leer cada libro, y a medida que este avanza va haciéndose más compleja la manera en que se expresa el adentro del poeta como su afuera verbal.

Poemas sueltos de estilo Provinciano Cósmico, como el titulado “Ónticamente canícula voseada” constituyen un maravilloso ejemplo de la manera en que el adentro, es decir el “Ser” del poema, no podría separarse del “decir”, del afuera verbal, porque sin la posibilidad de construir una versión de la realidad almática sería imposible exponerla. Parece que el poeta necesita inventar y definir su propia fraseología antes de hacerla pública en la melodía del poema.

El “ser” del poema, su parte ideológica expone la nativización de excentricidades poéticas que logran refrescar los cursos íntimos de la identidad regional y de la cosmogonía doméstica. Gracias a la expresión centrada en la metáfora fértil, conceptos como el terruño, lo matrío, el insilio y otredad toman connotaciones sociales profundas y logran conectar con una idea compleja de lo que es el poeta y su alrededor inmediato. Hay una negación de lo “accesorio político” y sostiene un redescubrimiento de lo “propio-poético”, ejercitando la capacidad de asombro y la imaginación colectiva.

El provincianismo cósmico constituye para la zulianidad una forma de renovarse, pero podría ser un objeto de acción artística digno de activarse en cual espacio social donde existan poetas dispuestos al rescate de lo telúrico: fácilmente podría funcionar en poetas indígenas o poetas de comunidades marginadas, o aun en cualquiera que entienda o descubra en su “ser” la particularidad de su “decir”.

Para finalizar debo recalcar dos elementos ya expuestos: en Carlos Ildemar Pérez la relación “ser “decir” del poema son a priori conscientes y producto de un sesudo estudio, del conocimiento de la relación que tiene el hacer de la poesía con su pensar. Entonces no hay gratuidad en su construcción, el poeta es un demiurgo en toda su forma y cada palmo de la realidad que expone su poesía es a conciencia de causa.

Luego, el Provincianismo Cósmico es un modo de actuar poetológicamente, y puede ser imitado, es decir, servir de patrón para nuestra realización poética, como lo fue en su momento el modernismo de Rubén Darío o cualquiera de las vanguardias. Por ese motivo, algunos poetas hemos decidido voluntaria inscribir nuestra obra en esta tendencia. Yo mismo considero que mis libros “Vos por siempre” (2014) y “Prontuario” (2018) están inscritos en el estilo del Provincianismo Cósmico.

Cierro con un par de poemas de El Bocablario, donde el poeta titula con términos que sirven de clave para la realización poética de los textos, y al mismo tiempo incluye una palabra disruptiva, compuesta por las letras de la palabra que da título al poema.

Turpial

Los Lirutpa(es) crecen en ramas de oídas
Interno Pulirta marejada del aire
De aletear no oscurece el Ripulat
En cada Tlapriu las hojas parecen otros pájaros
Gracias al pico del Ulrtapi el sol es sol
Y el amanecer existe solo si vuela un Alpirtu


 

Escaparate

¿Pareataces dónde estarán mis padres ahora?
¿Quizás Repesacata en tu espejo espiritual?
Quiero ser enterrado en ti Trapaesace
En ese Apasecaterco ataúd de peinar penas
¿Qué hiciste Erpacatase con la ropa de aquellos domingos?
Mueble pobrísimo Asaretacpe de genial pobreza

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