[Ante la crítica]: Del bullir y la sed. Por Ricardo Yáñez

Como lector y escritor de versos, no como crítico, que no lo soy, es que me atrevo a hablar de Semántica de un tornillo enamorado, de Luis Perozo Cervantes, libro armado con tres en cierto modo plaquettes relacionadas entre sí (situaciones, se advierte, teórica, metafórica y poemática), donde el joven autor, de carácter a mi ver ciertamente expansivo, da suficiente muestra de a la vez sentido de contención, humor, retórico y, con su indispensable ironía, dados los tiempos, de lo romántico –o del romanticismo en sus varias acepciones.
Para una semántica del abandono, primera parte del libro, da la pauta del mismo: “me parto/ en palabras/ en partículas…/ en bosque de formas/ en desierto de sentido”. Pero quizá en sólo dos versos del siguiente poema tengamos el verdadero secreto del libro: “eres mi signo/ soy tu significante”, donde todos los sentidos que le adjudicamos a su labor poética me parece se hacen, y en tan breve espacio, manifiestos. “Jugando con la lingüística desde el amor” pudiera llamarse esta parte, que lo que en serio busca es “la quiebra de mi lenguaje”. Señas claras de humor (aunque algo dolido), y por lo demás natural manejo del habla popular, es el texto 10.1, con el que cierra la sección, que por economía, y para placer posterior del lector, no citamos aquí.
Pero veo que no he dicho quizá el término clave para hablar del trabajo (o de este trabajo) de Perozo: sentido lúdico. Desde cierto punto de vista puede bien afirmarse que un elemento presente siempre en el quehacer artístico es el juego. Sin juego no hay arte. No en balde se sabe que Bertolt Brecht le pedía en una carta a alguna enamorada: no me pidas que sea serio (aunque serio en el juego quizá sí deba serse). Un lenguaje que bulle y sin embargo es súbita sed, podría ser también definición de, a la par, prosa y verso perocianos (si no es precipitado acudir a esta denominación). El texto IV de la segunda parte, pero también el VIII, textos sin mella, podrían, aparte de afincar el lado serio del poeta, dejar asentado lo inmediatamente arriba propuesto. De pronto entre tal seriedad asoma la palabra contentura y una frase que nos indica que el verbo se conjuga para huir de las respuestas. Otra vez, con palabras otras, el lenguaje que bulle y la súbita sed. Acaso es que esos son los pulsos de la lengua.
Ya en la situación poemática, tercera parte, encontramos una cierta “sonrisa de no saber qué esconder”. Es la más desnuda de las secciones, la más abierta, no sé si decir que la más suelta, ¿desprotegida?, “como el conejo que ya no tiene más remedio que ser la presa”, luego de intentar esconderse entre los árboles. Y paradójicamente no queda en el amor más remedio que ocultarse… “porque jamás queda de otra/ ocultarse para defender el amor”.
Pero ¿cómo ocultarse en el desamparo, a la intemperie, “Ahora que los días son un solo día/ que sin ella no hay mañanas, porque se ha llevado también los calendarios…// En el mismo momento del ahora constante que es retoño/ que es intento de pájaros furiosos/ que es partida de señoras con pañuelos/ que es sed/ que es contusión de olvido en la memoria// Ahora mismo que la foto se va borrando…?”
Agrega el poeta más adelante: “hay que decir lo que se siente/ aunque últimamente no se sienta nada”.
Mas veamos este pequeño fragmento que en sí mismo es un poema: “perdónale todo// pero que ella no sepa que le perdonas algo/ porque nunca hay nada que perdonarle”. Otros dos, cercanos entre sí: “Y si no contesta el teléfono, búscala en su casa/ y si no te recibe búscala en el trabajo/ y si no, la esperas en las bancas…/ contrata al tipo del avión de la primera guerra/ para que escriba el nombre de ella en el cielo frente a su casa”.
Del texto 6 de esta sección nos abstendremos de citar el entrañable fragmento donde se habla de Gardel. Búsquelo el acucioso lector.
Tratemos de concluir. Luego de precisar: “no obtendrás nada de ella por las vías tradicionales”, ni por otra, la voz poética, en el texto 7 se aferra a “la única forma que conozco…/ diciendo verdades/ amando/ amando/ amando”, para después, al final del poemario, luego de aludir a su “llagaporcorazón”, indicar “que será mejor/ no confiar tanto en las verdades// y sentarse a esperar que una mentira/ (un imposible, común y corriente, de esos que abundan)/ termine siendo el final”. Otra vez: el bullir y la sed, los pulsos de la lengua.


Ricardo Yáñez. Nació en Guadalajara, Jalisco, el 3 de abril de 1948. Poeta, ensayista y narrador. Estudió Letras en la Universidad de Guadalajara y la UNAM. Ha sido editor de El Ciervo Herido; profesor en la U. de G.; periodista fundador de El Sur, Unomásuno La Jornada; articulista y miembro de la mesa de redacción de la revista Mira. Creador de una metodología para el desarrollo de seminarios y talleres de Creación Literaria, que ha aplicado en múltiples ciudades del país. Colaborador de Biblioteca de México, La Gaceta del FCE, La Jornada Semanal, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, entre otros. Fue jefe de la zona centro de NOTIMEX, jefe de la redacción periodística de Radio Universidad Veracruzana; Ciencia, Cultura y Espectáculos de El Occidental y director del Semanario Paréntesis, estos tres últimos, medios tapatíos. Miembro del SNCA en los periodos 1997-2000 y 2000-2003. IV Premio Punto de Partida 1971 por El Girasol. Premio único de Narrativa en el Segundo Certamen Literario de la Universidad de Guadalajara 1972. Parte de su obra se incluye en antologías nacionales y extranjeras. En 2004, El Aduanero y La Jornada auspiciaron la grabación del disco Quizá en agosto, que reúne sus textos poéticos musicalizados por ocho compositores.

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