Este martes 28 de junio de 2022 vivimos una experiencia extraordinaria e inusual: un evento bien producido para mostrarnos el maravilloso talento teatral de Maracaibo. Lo que siempre pedimos a las hordas de funcionarios públicos, por fin se hizo realidad: atención a los artistas, una experiencia escénica, modesta pero digna; además, un repertorio variado, cónsono con nuestra identidad y deseo de ver buen teatro.

Se presentaban en el Encuentro de Teatro de Patio diez obras de las cuales solo podríamos ver tres, ya que las diez piezas de microteatro estaban siendo escenificadas en diez locaciones diferentes, y solo se mostrarían tres veces.

Hay que aplaudir el ingenio, la dedicación, el excelente trabajo de promoción y la producción de cada espacio, desde la imagen hasta el exquisito detalle de ofrecer un ticket de entrada como subvenir.

La secretaria de Cultura Viviana Márquez, anteriormente, había sido parte de una experiencia cultural semejante cuando junto a Teorema Producciones, desarrollaron el Festival Cortoteatro en las salas de nuestro Lía Bermúdez y el Teatro Baralt; pero lo llevaron a un siguiente nivel de impacto a la sociedad, sacando a la calle, o metiendo en el patio, la experiencia del Teatro Breve.

Mucha culpa de esto tiene Henry Semprún, quien encabeza FundaTeatrista, y que siempre ha insistido en hacer llegar el teatro a la gente, crear público nuevo, aunque sea con gente vieja, e instaurar por fin las temporadas teatrales en Maracaibo.

Tuve la oportunidad de ver tres obras: “Diálogos” dirigida por Richard Olivero y escriba por el dramaturgo Freddy Marín, que presenta un fragmento de la obra “Teatro de Variedades” que ya ha tenido presentaciones en el Teatro Baralt y en Centro Bellas Artes, pero que no había tenido el gusto de ver. Esta obra nos mostró la actuación de Yazmina Jiménez, una mujer de teatro con una extensa trayectoria, junto al joven Juan Carlos Escalona, quien despunta como uno de mejores actores de las nuevas generaciones. Sin duda, arranqué muy bien, teniendo la oportunidad de encontrarme con la comedia y el trabajo formal de actores que aman la dicción y arraigo lingüístico.

La calle era un verdadero hervidero de alegría al salir de la primera obra. Todos electrizados por la oportunidad de escoger un nuevo espectáculo, entre las 10 opciones que se presentaban. Mi decisión estaba tomada, iría a ver “ensayo sobre nosotros”, una obra escrita por el maestro Javier Rondón y que fuera publicada por mi editorial, dentro del libro “Plátano Bombón y otras piezas teatrales”.

Había visto antes una lectura dramatizada de esta obra, además de ser parte de su historia como su editor, no podía perder la oportunidad de verla representada. Y aunque estábamos un poco perdidos para llegar al siguiente escenario, antes de entrar nos conseguimos a tres maravillosos actores, parte del elenco de Las señoras de Maracaibo. Cómo no detenerse a disfrutar de las ocurrencias del gran actor José Molero en la piel de La China Contreras o el maravilloso manejo en el cuerpo del maestro Carlos Guevara haciendo el papel de Guillermina Vílchez de Osorio. Finalmente, pudimos ver a los más recientes egresados de la Escuela de Teatro Inés Laredo, María Gracia Valbuena y Diego Jordán en la interpretación de la obra “Ensayo sobre nosotros” bajo la dirección de Lolimar Suárez.

Nostalgia, contacto directo con un verbo poético, y la capacidad de los actores de encender nuestra imaginación, de ponernos a volar, literalmente, en una caída libre paracaidista que nos hace reflexionar sobre nuestra permanencia en este mundo y la trascendencia del oficio teatral. Sin duda, montar esta obra, y más aún, hacerlo tres veces seguidas, implica un compromiso genuino con la acción teatral, y habla bien de la nueva generación de actores que ha asumido a la ciudad y a sus dramaturgos como un punto de partida para la ejecución del teatro del presente y el futuro.

Al salir, fuimos a buscar nuestra última oportunidad de deleitarnos, y no quisimos arriesgarnos a ir muy lejos, aunque tuviéramos la invitación franca de Dennys Fernández para ver su obra; así que optamos por acercanos a la casa que ofrecía en su frente una obra que había comentado hacía semanas con su director, el maestro Arnaldo Pirela, cuando hablamos de la experiencia de la ruta cultural hacía las parroquias que inició la alcaldía de Maracaibo (y que lamentablemente ya abandonó). Me refiero a la obra Amigas, interpretada y escrita por la genial Lolimar Suárez, a quien también tuve la dicha de publicarle un libro, que les recomiendo: “Dos piezas de teatro breve”, disponible en Amazon.

Esta obra, con una estrategia dramatúrgica fértil y animada, nos demuestra que el teatro es mucho más que un texto, que el teatro sin el cuerpo, sin la mímica gestual, sin la danza interna y externa de los actores, no podría existir. La obra consiste en un monólogo interior que es reproducido por unos parlantes, en la voz de Lolimar, y en la propia Lolimar, haciendo toda la gestualidad que ese rico cataclismo psíquico amerita para ser expuesto. De principio a fin, una pieza extraordinaria que podría convertirse en un clásico del teatro breve de esta ciudad y que seguro podría incitar a jóvenes de todos los colegios y barriadas a sumarse al antiguo y placentero arte de las tablas.

¡Vivan las iniciativas como esta!

Corría la voz entre todos los satisfechos: en este momento comenzó la gestión de cultura de Manuel Rosales. Y eso se decía sin menoscabo de los seis meses de trabajo que se han venido realizando, sin regaño, sin tristeza. Todo lo contrario, con la algarabía de haber conseguido romper un hito, alcanzar un nivel de profesionalismo y de servicio al espectador cultural, que antes no se había visto. ¡Noble experiencia! Solo faltaron los fuegos artificiales para cerrar, pero seguro se obviaron en beneficio de los actores, a quienes atendieron como se merecen, con sus comidas, hidratación y refrigerios; con una dignidad que hacía mucho no se veía por estos lares.

Larga vida al Encuentro de Teatro de Patio, y espero que nos sigan invitando a eventos como este, a otros patios y a otros festivales, ahora en las grandes salas de la ciudad, con más obras de dramaturgos zulianos.

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