Caemos,
pero no solo en la derrota
somos el cuestabajo
en toda su forma
a piedra nos partimos
diariamente
cruel brecha de sangre
que nos inunda
manantial, nido de esperanza
ya no somos azules ni príncipes
he comenzando a roncar
hemos
a ser deformes
pero el amor nos sostiene
en la caída perpetua, contumaz
ya conocemos el borde del precipicio
tenemos horas cayendo desde el fondo
primero como una puerta
para rondar, hematoma tras moretón
hasta la espiga de los dolores
caemos, pero abrazados
juntos ante los ojos del reflector humano
juntos, cinturas trenzadas
sin deseo de soltarnos
necesariamente casados
innecesariamente felices.
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